En la antigüedad el dios Poseidón (dios del océano), que
vivía en el olimpo, como de costumbre se paseaba sobre las aguas del mar
vigilando que todo estuviera bajo control. Cada noche el dios Poseidón delegaba
a un animal marino de su mayor confianza para mientras el descansaba vigilara y
se encargara del orden en las aguas.
Una noche el gran dios delegó a un tiburón para la
importante tarea de vigilar las aguas mientras él dormía, cuando se fue a
descansar se quitó sus mocasín y se puso
su camisón y cayó en un profundo y delicado sueño.
Al día siguiente Poseidón despertó y para su sorpresa el
océano era un caos completo, los animales se perseguían unos a otros y se
mataban entre sí. El dios muy molesto mando llamar al tiburón que había
delegado la noche anterior para la vigilancia del océano. Cuando el tiburón
llego y miro que el dios estaba muy molesto del dijo -¿Cómo está mi señor? – y
el dios con un tono burlesco le contesto -¡Oh
que feliz estoy¡-, después de decir esto dijo – como quieres que esté, te
dejo encargado de mis dominios unas cuantas horas y mira lo que pasa. Pero
ahora me doy cuenta de que no puedo confiar en nadie ni la más simples de las
tareas, pues todo lo tengo que hacer yo para para que las cosas se hagan como son.
Pero hay de mí si vuelvo a encomendar la vigilancia de las aguas a alguna
creatura del océano y para probarlo día y noche las orillas del mar se
moverán-.
Desde entonces las olas azotan la playa en señal de que
el dios Poseidón está vigilando su territorio.
Figuras literarias: Anagrama
e Ironia.
Camilo
Solórzano Solórzano
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